Cortázar buscaba con/en la escritura de ficciones – más que una forma acabada y última de la perfección estilística- tejer puentes rumbo a lo otro, deseado e inalcanzable. Perseguía una zona abierta e indeterminada de la realidad (más auténtica y genuina); perseguía reunirse y fundirse con el prójimo (cercano y a la vez inaccesible); perseguía la posibilidad de un mundo de comunión (un Paraíso terrestre que es una promesa todavía postergada).
Los textos de Cortázar registran esa búsqueda permanente, diferida, inagotable. Una búsqueda que se prolonga y pervive, intacta, en el goce, en la apasionada fidelidad de sus lectores. Que son muchos, que son múltiples, que no se terminan.
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